La travesía de los inmigrantes Italianos que poblaron Resistencia

Por Roli Pérez Beveraggi


El 27 de noviembre de 1877 partía desde el puerto de Génova rumbo a Buenos Aires el vapor “Sudamérica” con estos sueños a bordo. Este grupo de 36 familias, no era sino la punta de lanza de otras familias que sucesivamente llegaron a la colonia durante todo ese año de 1878, y de un segundo contingente que arribó al Chaco en enero de 1879.

El barco llegó al puerto de Buenos Aires y los inmigrantes pasaron la Navidad de 1877 a bordo, desembarcando el 26 de diciembre. El grupo que finalmente vendría al Chaco estuvo unos días en Buenos Aires. El cruce del Océano Atlántico fue muy tranquilo pero con interminables días, con apariciones de enfermedades infecto contagiosas como la escarlatina y la difteria, diezmando a parte del contingente. 

La sorpresa mayor fue cuando se enteraron a donde debían poblar. Los comentarios eran aterradores y alarmantes, la zona donde debían establecerse; hoy la capital del Chaco estaba poblada fundamentalmente por los pueblos originarios. Con grandes deficiencia habitacionales, con montes espesos, bajos y grandes lagunales.

A bordo del buque “Río Paraná” partieron los friulanos el 17 de enero de 1878 hacia Corrientes, llegando el día 21. Casi de inmediato, un pequeño grupo se  trasladó al lugar que iba a poblar el contingente en el paraje San Fernando, ya Colonia Resistencia. Los adelantados Jerónimo Pérez (Giovanni Cantando), Luis Pessano y Pedro Dellamea, visitaron los establecimientos del Coronel Avalos y Félix Seitor y otros obrajeros. La impresión resultó favorable en general. Ya de vuelta a Corrientes informaron a sus connacionales inmigrantes de lo acontecido y fijaron la partida definitiva a la nueva tierra para el del día 2 de febrero. En realidad desembarcaron en Resistencia el 27 de enero de 1878, pero históricamente y oficialmente quedó el 2 de febrero.

El desembarco se produjo en proximidades de lo que hoy es el Club de Regatas. El río Negro llegaba hasta la actual avenida Avalos, y un monolito erigido en 1928 recuerda el sitio del histórico acontecimiento. Todo resultó novedoso para los recién llegados, el monte circundante, los animales silvestres que vieron (monos, yacarés, etc.), la obra destructiva de las langostas que en esos días habían pasado por el lugar. Para peor, en el mes de febrero hubo una creciente que duró bastante tiempo.

Permanecieron varios días en un galpón de la costa, para ir ubicándose luego por grupos en distintos lugares. “La orden terminante era no separarse demasiado, ni dormir todos durante la noche”. Estos inmigrantes, habían abandonado todo, patria, amigos, afectos, pertenencias que los amarraban a su patria original para arriesgarse a lo absolutamente desconocido y lejano.