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NODIO: continúa el debate en Comunicación Social por la creación del observatorio

La Defensoría del Público de la Nación ratificó la decisión de avanzar con la creación del Observatorio NODIO, dedicado a analizar contenidos falsos o maliciosos en los medios de comunicación masivos. Al respecto, docentes de la carrera de Comunicación Social de la Facultad de Humanidades de la UNNE siguen brindado su opinión sobre la creación de este observatorio que despertó apoyos y cuestionamientos desde distintos sectores en el país.

Docentes de la carrera de Comunicación Social de la Facultad de Humanidades de la UNNE siguen brindado su opinión sobre la creación de este observatorio NODIO. Imagen ilustrativa (Ilustración: Reinaldo Cortés-Paginas12)


El pasado 9 de octubre, en el marco de los 11 años de la promulgación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, la Defensoría del Público de la Nación presentó “NODIO: Observatorio de la desinformación y la violencia simbólica en medios y plataformas digitales”, que tendrá como objetivo proteger a la ciudadanía de las noticias falsas, maliciosas y falacias.

Según los fundamentos de la creación de NODIO, se trabajará en la detección, verificación, identificación y desarticulación de las estrategias argumentativas de noticias maliciosas y la identificación de sus operaciones de difusión.

La creación del Observatorio generó gran repercusión en la agenda mediática, con posturas a favor, pero también con opiniones en contra aduciendo que se podría atentar contra la libertad de expresión y otros derechos del trabajo de la prensa.

El tema incluso alcanzó ribetes judiciales, con el planteo de una medida cautelar para impedir su puesta en marcha, y un pedido de indagatoria a Mirian Lewin, Defensora del Público y promotora de NODIO. Finalmente la Justicia Federal rechazó dichos planteos.

En tanto, recientemente en una presentación reciente ante la Comisión Bicameral de Promoción y Seguimiento de la Comunicación Audiovisual del Congreso, Lewin reiteró la decisión de la Defensoría de avanzar con NODIO por ser “una iniciativa de desarrollo metodológico, de investigación y análisis, de promoción de iniciativas ciudadanas y de alianzas con organismos sociales". “Hay iniciativas similares en la Unión Europea y prácticamente en todo el mundo” añadió.

En ese contexto, desde el Departamento de Comunicación Institucional del Rectorado de la UNNE se siguen recabando reflexiones y aportes sobre el tema, a través de la opinión de docentes de la carrera de Comunicación Social de la UNNE.

En esta oportunidad, fueron consultados la Licenciada María de los Ángeles D’Aveta (del equipo docente de las cátedras “Teorías de la Comunicación Social I”; “Teorías de la Comunicación Social III” y “Sociología General”); el Licenciado Marcelo Pucciariello (Cátedra “Opinión Pública”); la Licenciada Marina Campusano (Cátedras “Seminario de Tesina” y “Teorías de la Comunicación Social I”) y el abogado Marcos Medina (Cátedra “Fundamentos de Ciencias Políticas”).

 

Las opiniones de los docentes:

1) ¿Qué opinión le merece la creación del Observatorio NODIO y en qué medida estima puede contribuir a controlar la desinformación y violencia simbólica en medios y plataformas digitales?

 

D’Aveta: Al ser un tema de políticas públicas, creo el análisis no puede estar centrado en la creación de un espacio o línea de trabajo sino en el modo en que ello se instrumenta, en sus prácticas concretas y en lo que de ellas deriva. Por eso y por cierta dinámica de nuestras propias agendas mediáticas, en principio el debate generado en ésta instancia de anuncios me parece un tanto exagerado.

No veo mal que el Estado tenga injerencia en ello, pero creo que por la propia dinámica de circulación del tipo de discursos que se pretenden analizar o mitigar, si esa tarea recae únicamente en este actor, quizá pueda producir respuestas aún más sesgadas o irracionales.

En este sentido creo que es sumamente importante que se cree una sinergia desde la Defensoría del Público pero también con otros organismos, como por ejemplo el INADI, junto a organizaciones sociales; sindicatos de prensa; universidades; grupos académicos que vienen trabajando en el tema e incluso el sector privado.         

 

Campusano: Me parece una buena iniciativa, los observatorios son organismos que trabajan deteniéndose a analizar problemáticas específicas, ofrecen un estado de situación actualizado sobre temas como la violencia de género, los derechos humanos, las juventudes, por nombrar algunos. Con relación a los medios lo que se analiza es el comportamiento de los mismos con relación a temas determinados, en los informes que se producen no solo brindan la información detallada a la que llegan sino cómo realizan los estudios (las perspectivas teóricas y metodológicas involucradas). Son trabajos rigurosos y serios que se vuelven valiosos ya que contribuye a reflexionar sobre el funcionamiento de los medios, a desarmar las prácticas periodísticas que reproducen miradas estereotipadas, a repensar su impacto en la agenda pública.

Sobre este observatorio en particular, por la temática en la que se centra creo que puede aportar a desmarañar el panorama que brindan los medios en un contexto de expansión de la comunicación digital y redes sociales que vuelve abrumadora la cantidad de información. De allí la importancia que se puedan brindar herramientas para llegar a contenidos diversos, confiables y veraces. 

Medina: No he podido localizar en el boletín oficial la norma de creación del mismo, al menos no él último mes; hasta que eso se concrete es una discusión bizantina, sin embargo a priori tengo las siguiente opiniones: existen en la legislación argentina una ingente cantidad de observatorios que insumen recursos públicos y cuyos aportes no se conocen; no conocemos las funciones del mismo, salvo el contenido de la presentación del Observatorio, y de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno, no conocemos sus malas intenciones y hay que desconfiar siempre de este tipo de organismos que pretender clasificar opiniones y expresiones.

Pucciariello: Estoy en contra de cualquier organismo que busque verificar y desarticular noticias maliciosas, y no creo que pueda contribuir a controlar la desinformación ni la violencia simbólica. ¿El motivo? Es extremadamente delgada la línea que separa a esta intención, presentada como bienintencionada, de la censura.

Confío, ante todo, en la ética profesional de los periodistas, así como en el proceso de consulta, investigación y producción de una noticia que se realiza al interior de las redacciones. La clave pasa por educar a las audiencias en la detección de las fake news para que no las consuman o, habiéndolo hecho, no las compartan.

Decisiones como la creación del NODIO y el ciberpatrullaje para medir el humor social que anunció la ministra de Seguridad de la Nación, Sabina Frederic, extralimitan las funciones del Estado argentino.

2) La creación del Observatorio recibió cuestionamientos por considerar que genera el riesgo de afectar la libertad de prensa. ¿Cómo considera debe equilibrarse el derecho a la información verdadera y de calidad con el derecho a informar en estos tiempos de diversificación de las vías de comunicación?

 

Pucciariello: El equilibrio del derecho a informar y el derecho a la información pasa por un contrato tácito entre el medio masivo y su consumidor. Quienes se informan con el periodismo gráfico, radial, televisivo o digital -excluyendo a quienes eligen a las redes sociales como principal o única fuente informativa- saben a qué se atienen cuando eligen un medio en detrimento de otro. En líneas generales, los consumidores están mejor educados hoy que ayer para recibir información de manera más crítica.

D’Aveta: Hay al menos dos cuestiones allí. Una, tiene que ver con que la idea de libertad de prensa en el uso común terminó reduciéndose de algún modo a libertad de propietarixs de medios de comunicación en la emisión de discursos. Y esa noción de libertad a veces ni siquiera alcanza a los propios periodistas. Si consideramos la noción de derecho a la comunicación e incluimos en ella tanto el derecho a la información como la libertad de expresión, se abre una perspectiva un poco más amplia. En ese sentido, un observatorio que produzca información y análisis no afectaría la producción y circulación de información. Incluso si se lo trabaja desde una perspectiva amplia, plural y con diversidad de miradas, podría fortalecer la calidad general del ecosistema informativo.

Lo otro, es que la idea de discurso de odio aún es muy difusa, incluso desde la propia descripción de la ONU. Como lo señala Beatríz Busaniche, investigadora y activista por los derechos en entornos digitales, si no se establecen consensos claros sobre lo que esa noción implica, puede ser muy vago o confuso lo que allí se incluya o analice.

Campusano: No me parece que afecte a la libertad de prensa, sino todo lo contrario. Por un lado, los observatorios no son órganos de control ni censura, trabajan sobre los contenidos mediáticos ya publicados. Y por otro, los medios no son intocables, la libertad de expresión no es potestad mediática ni puede ser esgrimida para permitir la circulación de discursos agresivos, discriminatorios o estigmatizantes. Conocer cómo trabajan las empresas que construyen nada menos que las coordenadas sobre cómo entender lo cotidiano no vulnera un derecho, sino que puede fortalecer un mejor acceso a la información.

Precisamente, con un grupo de docentes de la carrera, desde el Centro de Estudios Sociales de la UNNE, venimos dándole forma al proyecto de un Observatorio de medios de las provincias de Chaco y Corrientes. Nos movilizó la preocupación de estar formando a las y los futuros periodistas y la lejanía entre la instancia de formación y el ejercicio de la profesión. Nos interesa construir un espacio desde donde analizar el trabajo periodístico y así discutir esas prácticas, revisar las narrativas que se ponen en circulación, poner en cuestión los discursos que van formando nuestra manera de mirar y entender lo que pasa. Los relatos mediáticos construyen los significados que dan forma y organizan nuestras sociedades, es por ello urgente que podamos repensarlos, transformarlos, para construir sociedades más justas e igualitarias.

Medina: Existen en el ordenamiento jurídico argentino, tanto en la legislación de fondo y en los tratados internacionales un conjunto bien articulado de leyes, y casi exento de lagunas normativas, que reglamentan la libertad de prensa y sus límites, estableciendo un claro mecanismo punitivo y de responsabilidades ulteriores.

Como señaló el profesor Damián Loreti en la presentación de Nodio, “la Comisión Interamericana de Derechos Humanos tiene dicho en la Declaración de Principios del año 2000: la exigencia legal de veracidad de la información es incompatible con la Convención Americana”. Reitero que hasta el momento de la reglamentación del observatorio no podremos evaluar sus alcances.

 

 3) En ese sentido: ¿Qué herramientas cree que pueden implementarse para que el funcionamiento del Observatorio cumpla los fines por los que se creó sin avanzar en un control de la información pública, ni sea una supervisión de la tarea de la prensa?

 

Medina: Creo que la mejor solución es no poner en funcionamiento el Observatorio, considerando que lo han definido como un espacio para reflexionar "sobre prácticas responsables en búsqueda de un periodismo de alta calidad". ¿Quién define los parámetros del Alta Calidad? ¿El Gobierno de turno?

No estaremos antes una forma de “censura líquida” más cuando se afirma que trabajará en la detección y verificación de la información, en la identificación y desarticulación de estrategias argumentativas, la identificación de las operaciones de difusión y los sistemas de alertas. Tiene un denso tufillo autoritario.

 

Pucciariello: Ratifico que no estoy de acuerdo con la creación del NODIO y dudo de los fines con que fue creado. La prensa cuenta con un andamiaje interno de funcionamiento y equilibrio que debe ser lo suficientemente profesional para evitar que noticias falsas, incompletas o imprecisas emerjan de sus propias redacciones. Como sostuve anteriormente, la clave pasa por educar a la ciudadanía en lo que hace a la detección de fake news.

En tiempos de explosión de medios digitales y redes sociales, además, esta tarea -emprendida desde Estado, academia, empresas periodísticas y organizaciones de la sociedad civil- se torna ya no marginal, sino imprescindible.

D’Aveta: Creo que un punto a trabajar podría ser no considerar sólo los contenidos sino también las prácticas. Por ejemplo, aunar esfuerzos con las organizaciones y plataformas desde las que se auspicia el chequeo de fuentes.

También y aunque no se ve entre los considerandos de su creación, sería interesante pensarlo además como un espacio que promueva el libre acceso a la información pública, ya que si bien esto está reglamentado en distintas leyes, aún es poco lo que hemos avanzado en cuánto a libertad de circulación y posibilidades de acceso tanto al conocimiento como a la información que se produce en ámbitos públicos.

Y en términos más generales creo que puede ayudar un marco conceptual o teórico amplio al momento de pensar tanto en noticias falsas como en discursos que promueven alguna forma de violencia. Por ejemplo, que no es un fenómeno privativo de nuestro tiempo sino que lo excede, así como tampoco exclusivo de las coyunturas político-partidarias de nuestro país y ni siquiera de Latinoamérica en particular. 

Campusano: Me parece que la clave puede estar en el trabajo articulado con distintos actores. Los resultados a los que lleguen desde el observatorio pueden ser los disparadores para habilitar formas de trabajo con las empresas periodísticas, el Estado y a su vez organismos sociales afines a las temáticas involucradas. Un trabajo en conjunto puede impactar en dos niveles, por un lado ayudar a diseñar y construir nuevas prácticas que mejoren el trabajo periodístico y los discursos que se reproducen, y por otro que logren promover formas de consumo que desarticulen la difusión y propagación de contenidos de este tipo, pensando en les usuaries.

 

 4) ¿Hay antecedentes de un observatorio de esta naturaleza en algún país? De haber un caso, ¿conoce sus resultados?

 

Campusano: Hay numerosos observatorios de medios en el país. Desde distintas universidades públicas aportan información muy importante sobre la labor periodística. Un gran trabajo vienen realizando los observatorios de género, señalando no solo las coberturas peyorativas y estigmatizantes alrededor de las noticias de femicidios, o las visiones estereotipadas que se reproducen sobre la mujer, sino también visibilizando las desigualdades al interior de las empresas periodísticas.

En relación a la cantidad de trabajadoras, a la vulneración de sus derechos laborales, sobre las prácticas machistas al interior de las redacciones, la inequidad en determinadas secciones, el menor nivel de notas firmadas por mujeres frente a las de sus compañeros varones, entre otras.

El valor de este tipo de trabajos toma relevancia cuando por ejemplo se logran cambios al interior de las estructuras mediáticas, pensemos en la inclusión de las editoras de género que los medios más importantes de nuestro país han incorporado, al igual que la adopción de la perspectiva de género ya es indiscutida. Pero lo más valioso es poder lograr que se produzca ese “ruido” en quienes consumen sus contenidos, al identificar las lecturas tendenciosas y discriminatorias que ya no son toleradas. No digo que sea un efecto únicamente de los observatorios, pero sin duda han contribuido en este sentido.

 

Medina: No conozco antecedentes de observatorios públicos de medios, sí existen organizaciones no gubernamentales, como Chequeado en nuestro país, que verifican la veracidad de las informaciones difundidas por los medios y las plataformas digitales, o en universidad como el observatorio del CiberMedios de la Universidad Pompeu Fabra de Cataluña que publican informes de investigación sobre la temática.

D’Aveta: Conozco casos de observatorios en varias universidades nacionales argentinas que vienen produciendo datos interesantes y sistemáticos para aportar al entendimiento de ciertos temas de la agenda pública. Por eso me parece tan importante que la línea de trabajo que se abra no parta desde cero sino desde lo que ya se viene haciendo.

En cuanto a otros países, en el plan estratégico de la ONU para la lucha contra los discursos de odio se señala en su cuarto punto la necesidad de “coordinar la recopilación de datos y la investigación, en particular sobre las causas profundas, los factores y las condiciones que lo propician”, por lo que entiendo se da lugar o se auspicia a la creación de éstos espacios también desde el ámbito estatal.

Pucciariello: Desconozco.

 

 5) Institucionalizar organismos como el observatorio, ¿puede generar efectos adversos como el de atrofiar la capacidad de discernir en los usuarios de noticias?

D’Aveta: No creo que un organismo de este tipo tenga una incidencia semejante, quizás lo contrario. En este sentido creo que deberán pensarse muy bien los modos, formas de comunicación y también los temas a analizar para que los aportes lleguen a la mayor cantidad de personas posible y no sean descartados de plano simplemente por tener una injerencia gubernamental. También para que el esfuerzo o inversión que se haga (aunque no implique un presupuesto específico todo proyecto de este tipo implica recursos valiosos) incida en términos de políticas públicas de comunicación que vayan más allá de los vaivenes o la voluntad de un gobierno en particular.

Pucciariello: No necesariamente. La falta de capacidad de discernimiento es un fenómeno sociológico y cultural que excede a un organismo y responde a la aceleración de los tiempos que vivimos: la explosión de estímulos de información, consumo y notificación, la multiplicación de plataformas y la conexión 24/7 generan un déficit en la atención, con todo lo adverso que ello acarrea, como lo es la pérdida de la capacidad de discernir.

Medina: La idea del observatorio parte de la idea de un usuario de la noticia incapacitado, como si fuera un niño al que hay que cuidar. Creo que la concepción del observatorio está enmarcada en una fotografía en sepia, y el mundo actual se mueve en algoritmos de realizad aumentada.

Me preocupa más el mensaje que se envía sobre el control de la libertad de expresión, una de las conquistas más preciadas de todas las revoluciones, y piedra angular de las poliarquías, no puede haber democracia sin una plena libertad de expresión. Y, consecuentemente, la libertad de prensa y la libertad de asociación, por lo cual habrá que oponerse a ideas como “debatir sobre los aspectos éticos del ejercicio de la libertad de expresión en internet”, que es el primer paso para avanzar sobre el control de internet, como lo hacen regímenes no democráticos como China, Rusia, Cuba y Correa de Norte y pretenden regímenes que denominan democráticos como el de Estados Unidos.

Campusano: No entiendo por qué la institucionalización, pensando que se refiere a que la propuesta venga desde el Estado sería un problema. Es favorable que desde los organismos estatales se promueva un mejor acceso a la información y ejercicio de la libertad de expresión, dando cuenta de las formas en que se construyen y circulan informaciones falsas o de contenido discriminatorio.

 

En la sociedad que vivimos cada vez se vuelve más necesario tener esas “habilidades” para reconocer y bloquear informaciones de ese tipo. No solo en lo que respecta a su veracidad sino aquellas que estimulan discursos de odio, sin ir más lejos pensemos en las tapas de diarios correntinos promoviendo la rivalidad con la provincia del Chaco ante el crecimiento de casos de Covid-19, en vez de por ejemplo analizar de manera más profunda las políticas sanitarias de ambas provincias. Sin duda poder identificar estas prácticas ayuda a rechazar contenidos maliciosos y fomentar la demanda por una información veraz, seria y rigurosa.

 

 

 

Fuente: Departamento de Comunicación Institucional del Rectorado de la Universidad Nacional del Nordeste