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Los 74 años de Albino Rojas Martínez, “El Soldado Chamamé”

Por Roli Pérez Beveraggi

Nació el 4 de octubre de 1948 en Ciervo Petiso (Chaco). Desde la infancia fue el artista oficial del pueblo. Comenzó su carrera actuando de perro, como él humorísticamente cuenta, con pequeñas intervenciones en los radioteatros.

De gira con la compañía de radioteatro presentaban la obra de Juan C. Chiappe “El cabo Tijereta” y lo tocó la varita mágica cuando se enfermó el actor principal que hacía de cabo y no quedaba otro para reemplazarlo, así que el director le dio la oportunidad de actuar. Pero como era muy chico y tenía que hacer de soldado, ese gran locutor que tuvo Radio Chaco que fue el Negro Barrionuevo lo bautizó como “El soldado Chamamé”, que a la postre sería su nombre artístico.

Su debut en Resistencia fue en el Anfiteatro Todaro de la mano del Gaucho Insaurralde. Albino de muy joven trabajó en lo que podía para ayudar a su madre, que estaba muy enferma, y a sus hermanos. Él dice como latiguillo que tenía “60 oficios y 100 necesidades”. Llegó a la Peña Nativa Martín Fierro de la mano de su presidente Jesús González Blanco. Este lo albergaba en su casa y lo protegía.

En una de las habituales visitas al Chaco, Jorge Cafrune, una figura inmensa en aquellos años, lo descubrió y se lo llevó de gira por todo el país. Cuando regresa a Resistencia para presentarse al servicio militar, el jefe del Regimiento era el coronel Ricardo del Corazón de Jesús Pompeya Miró, y Albino le planteó el problema que se le presentaba, porque él seguía de gira con Cafrune. El coronel, que lo estimaba mucho, sin dudar lo declaró ITS (Inútil Todo Servicio), zafó de la colimba y pudo completar su sueño de terminar la gira acompañando a su padre, su amigo, su ídolo y todo lo que fue artísticamente el “Turco” Cafrune.

Cuenta Albino que viajaban en un Mercedes Benz y “en la parte delantera del auto viajábamos Cafrune y yo. ¿Sabés quién viajaba atrás? Alfredo Yabrán. Era muy amigo de Cafrune. El Soldado Chamamé, que fue revelación del Festival de Casquín en 1967 —con apenas 18 años—, conoció a Menem y a su familia a fines de los años 60, cuando llegó con Cafrune a Anillaco en una de esas giras en las que actuaban en pueblos mínimos. Al Soldado Chamamé lo impactó de manera especial el padre del presidente. De Carlos Menem dice que era muy amiguero. Después de cuatro años con Cafrune, a quien adoraba, el Soldado Chamamé llegó a la televisión, y nada menos que aSábados Circulares” de Pipo Mancera.

Tal fue su éxito, que Héctor Ricardo García lo llamó para que firmara contrato con Canal 11.

“Suponete que Mancera me pagaba mil. Héctor Ricardo García me ofreció un millón. Así como lo escuchás. Pero decidí, porque soy muy fiel, quedarme con Mancera. Hasta que él me dijo que no me podía cortar esa posibilidad. Sólo ahí arreglé con García”. Tres años con García y explotaron sus problemas con el alcohol. Pasaron varios años y a principios de los años 80 abandonó el alcohol. “No soy ingrato. El alcohol fue mi compañero muchas veces. Pero un día nos sentamos y dijimos que así no podíamos seguir. Siento afecto por el alcohol”.

“Me caí y me levanté, y Dios hizo conmigo una restauración perfecta. Lo que me sucedía estaba más allá de la bebida. Tenía que ver con los golpes de la vida, con mi madre que murió y con quedarme a los 17 años con tres hermanos a mi cargo. Aprendí a pedir: Señor, enséñame a reír, en segundo lugar. Y en primer lugar, a recordar por qué lloré”.

Los 80 lo vieron llegar sobrio. Peronista desde la infancia, terminó junto a Menem, a quien conoció en aquellas épocas de fama. “Yo siempre supe que Menem iba a ser presidente —dice— Yo soy un profeta. Todo lo que digo se cumple.” Cuando Menem accedió al poder, “un día me mandó llamar para que viajara a Buenos Aires y estuviera con ellos”. Se dedicó a animar las reuniones y nunca le pagaron nada. “Capaz que dieron la orden de pagarme y la plata quedó en el camino”, dice con una sonrisa. Las reuniones eran diversas: para agasajar a la selección de fútbol, para homenajear a un viejo dirigente, para una cena con el cuerpo diplomático. Muchas veces lo llamaban de apuro. “Cuando Menem preguntaba: ¿Dónde está el Soldado? tenían que encontrarme sí o sí. Menem, que le ofreció el cargo de Agregado Cultural en Paraguay.

Él le contestó; “Sólo acepto algo si me ofrecen asumir como embajador o ministro, pero no como agregado —asegura— No me gusta ser agregado ni en una mesa”.

Mi amigo Albino Rojas Martínez llevo muy alto el nombre del Chaco a nivel nacional y nunca se olvido de sus pagos, los que nos olvidamos y fácilmente de él somos los chaqueños. Yo no me olvido amigo.


Estación Terminal: La Fonda de don Conrado Pou

Por Roli Pérez Beveraggi

En la esquina formada por la avenida Sarmiento y calle Irigoyen, donde se levanta el edificio de Correos y Telecomunicaciones, existía una edificación que databa del año 1890, aproximadamente, la que fue demolida hace ya varios años. Por la calle Irigoyen se extendía la propiedad cincuenta metros y por la avenida Sarmiento, otro tanto, allí estaba un amplio portón de cinc, que daba entrada a un espacioso patio donde se guardaban los vehículos.

Allí se instaló don Conrado Pou con negocio de fonda y hospedaje que alcanzó gran popularidad porque ahí era punto de partida y regreso de las mensajerías que hacían el servicio de transporte de pasajeros y correspondencia entre ésta capital y Colonia Benítez y también Colonia Popular. Desde 1907 a 1915, la localidad de Colonia Benítez ocupaba en el Territorio el segundo lugar por su población, agricultura y sus industrias. Una fábrica de azúcar, desmotadora de algodón, descascaradora de semilla de tártago y dos fábricas de tanino. De ahí que la afluencia de pasajeros de ésta a Colonia Benítez y viceversa, fuera numerosa.

Un señor de ascendencia italiana de apellido Mazzuchelli, implantó un servicio de diligencias a Colonia Benítez y La Popular. A Colonia Benítez se hacía dos veces al día ida y vuelta y a La Popular dos veces por semana, pasando por Vicentini y Puerto Tirol. Los vehículos empleados eran del tipo “break” tirados por cuatro caballos, los que iban a Colonia Benítez hacían una parada de media hora en la mitad del trayecto para descanso de los caballos, por cuanto el camino era bastante malo. La Municipalidad de Resistencia daba una subvención de cinco pesos mensuales al empresario para transportar la correspondencia que se originaba en esa dependencia con destino a Colonia Benítez, por lo que estaba obligado a pasar por la Comuna todos los días al inicio del viaje, al tal efecto.    

También tenía suscrito contrato con la Dirección de Correos y Telégrafos para el transporte de correspondencia y encomiendas entre las dos localidades.

La fonda de referencia pasó a ser de gran importancia, por el papel que desempeñaba, la “Estación Terminal” de las mensajerías que unían la capital con las dos localidades, y también por la afluencia de personas que llegaban continuamente a ella. A la misma la compró la familia Lucas y el primer Hotel Colon fue en ese lugar.


Revista “Estampa Chaqueña”

Por Roli Pérez Beveraggi

El 2 de octubre de 1929 aparece en Resistencia “Estampa Chaqueña”,
semanario para Chaco y Formosa, primera revista ilustrada. Sin lugar a dudas una Revista excepcional para aquellos años con una ilustración fantástica. A partir de marzo de 1933 se transforma en Semanario Gráfico de la vida chaqueña. El material iconográfico, estaba a cargo del taller de fotografía de Pablo Luis Boschetti, quien realizó una ponderable labor gráfica documental, como así también trabajos de fotografía artística, social y deportiva.

Su fundador fue Ildefonso Pérez, de orientación socialista, aunque recibía contribuciones provenientes de distintos campos. Decía que se proponía: “Colaborar con todos los que procuran alentar el progreso de esta rica región que vive hasta hoy huérfana de apoyo social e ignorada hasta por la mayoría de sus habitantes”.

Ese emprendimiento familiar que fue Estampas Chaqueñas perduró por espacio de 14 años, cerrándose definitivamente en 1943, cuando los aires de revolución flotaban en el ambiente y presagiaban otra política distinta al pensamiento de su creador.


La renuncia de un hombre de honor: Capitán Oreste Arbo y Blanco

Por Roli Pérez Beveraggi

Con fecha 8 de mayo de 1917, el director del periódico El Colono, que se editaba en Resistencia, recibió desde Corrientes la carta que seguidamente reproducimos, por cuanto encierra un verdadero ejemplo de entereza cívica, que debe servir de inspiración a las generaciones actuales y futuras: “Estimado amigo: En mi poder su atenta carta de fecha 3 del corriente que paso a contestarle con el mayor agrado… Créame mi amigo que he recibido con mucha satisfacción su felicitación, por la actitud que asumí, renunciado al cargo de gobernador del Territorio Nacional de Formosa para el que había sido nombrado, y se la agradezco, mayormente, con la sinceridad con que lo habrá hecho Usted...

Mi renuncia obedeció a las causales que Ud. conoce y que estén expresadas en mis telegramas al Sr. Presidente de la Republica y Ministro del Interior. Esa renuncia la formulé con absoluta calma y sin la menor violencia, por lo que me felicito una y mil veces, porque si hubiera tenido la debilidad de aceptar esa designación que no está en armonía con mis aspiraciones modestas, ni con el deseo de los vecinos de Formosa, hubiera sido el primero y único acto de que me avergonzaría en mi vida política, que he procurado ajustarlas, siempre a las enseñanzas de aquellos apóstoles del civismo argentino, Leandro N. Alem y Aristóbulo del Valle, quienes, entre otras, nos legaron,  respectivamente estas dos máximas: "Que se rompa pero que no se doble". "Cuando el triunfo significa una vergüenza, la derrota es un triunfo". Yo había pensado aceptar la gobernación del Chaco, si el superior gobierno tenía a bien nombrarme, teniendo en cuenta el pedido espontáneo formulado en tal sentido par un numero respetable de vecinos de ese territorio, quienes, no teniendo derecho de votar y elegir su gobernante, eligieron el de peticionar que les acuerda la Constitución Nacional y francamente he deseado ocupar ese puesto, no por ambiciones subalternas, ni por el deseo de comodidad y honores, sino porque deseaba corresponder dignamente a esa distinción de que se me hiciera objeto, bregando por la tranquilidad y progreso de ese territorio...

No debe causarle extrañeza el deseo que abrigué de ser gobernador del Chaco, sabiendo como se sabe que, estoy vinculado a él desde hace muchos años, puesto que cuando estuve en servicio activo en la guarnición de ese Territorio, contribuí a su civilización, ampliando sus fronteras salvaguardando los intereses de los pobladores.

No habiendo sido designado para el territorio de mis afectaciones, que fue desairado en su petición, designándoseme para otro que no se me ha dignado pedirme, no cuadra otra actitud que la renuncia, salvo aquellos que buscan acomodarse en cualquier parte sin importarles los medios, y que se sienten tan bien para un agregado como para un barrido”.

Con posterioridad, el 1 de octubre del año 1920, el capitán Arbo y Blanco fue designado gobernador del Territorio Nacional del Chaco y fue uno de los mejores en su cargo.


A 77 años del nacimiento de Alcides Simeón “Paraguayo” Del Bueno

Por Roli Pérez Beveraggi

Nació en Ayolas (Paraguay), el 3 de setiembre de 1945. De muy niño vino de la mano de su madre y su tía, que lo criaron y malcriaron, a residir en Resistencia. Desde ese instante pasó a ser el “Paraguayo” Alcides, de profesión carpintero, o en el mejor de los casos ebanista.  Su morada era en Santiago del Estero y Echeverría, donde su madre tenía pensión.

Aprendió su profesión de adolescente en la carpintería de Gagliardi, por la avenida Belgrano pasando la calle Carlos Gardel, y éste fue su trabajo durante toda la vida. Como pasajero habitual de la noche siempre dijo que el día que se muriera le iban hacer un monumento como homenaje al más vago de todos los noctámbulos. El “Paraguayo” era de esas personas que saben vivir de los demás sin aportar un peso, solamente compañía y un sentido del humor fuera de serie. Con su trabajo de carpintero sedujo al más pintado de los vivos, solamente fascinándolos con el negocio y los muy buenos dividendos.

Su primer gran negocio conocido fue el invento de la baldosa de madera (se trataba de una baldosa calcárea y arriba pegada con pegamento que le facilitaron en la carpintería del “Tano” Tonutti, madera tipo parquet). Este hecho fue más o menos en el año 64, cuando se juntaban en barra a la salida de la Escuela Normal por la tarde en la placita 9 de Julio para ver la salida de las futuras maestras. El “Paraguayo” escondía celosamente su invento debajo de la campera, provocando misterio e intrigando a sus amigos. Se comentaba que Alcides se haría millonario. Corrió la bola y se la sirvió en bandeja para vivir de este invento un tiempo largo.

Al “Paraguayo” lo conocí ya con todas sus mañas a principio de los setenta en el Bar Napoli y entablamos una amistad para siempre. Era difícil ser amigo de Alcides, porque corrías el riesgo de quedar pegado en alguna de sus andanzas. La más común en esa época era ir de tira al bar a la mañana y brindar un espectáculo entre grotesco y gracioso, digno de una película de Fellini.

Después de dormir una de sus largas siestas reparadores regresaba al bar al anochecer para vivir una nueva noche, bañado, perfumado, impecable, con su eterno peine en el bolsillo, para cuidar su peinado “a lo Miguelito”.

Alcides era de esos personajes únicos e irrepetibles, de esas personas que aunque todo lo haga mal siempre caían bien. En su vida, siempre bandeado de lo permitido y las reglas sociales. Sin importarle su salud, con una diabetes galopante, decía que él se estaba curando con yuyo de sarandí y vino tinto. “Paraguayo”: no sé si te van hacer un monumento, pero yo te dedico estas líneas.