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El doctor Julián Loreto Acosta y el Laboratorio Regional del Norte

Nació en La Paz, provincia de Entre Ríos, el 10 de diciembre de 1884. Hijo de don Julián Acosta y de doña Catalina Urquiaza. Cursó los estudios primarios en su pueblo natal y los secundarios en la Escuela Normal Rural "Juan Bautista Alberdi" obtuvo el título de Maestro Normal Nacional. Ejerció la docencia en escuelas de la Patagonia y Misiones. Más tarde, en las escuelas "Presidente Roca" y "Miguel de Azcuénaga" de la Capital Federal. Al mismo tiempo cursaba los estudios de Medicina Veterinaria en la Facultad de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires, donde se graduó en 1912.

Siendo aún estudiante, durante los años 1911 y 1912, fue ayudante de la Cátedra de Bacteriología de la Facultad. Comenzó su afán por la investigación. A lo largo de su vida logró muchos éxitos en esa rama de la ciencia, honrando a su país con trabajos de jerarquía internacional que contribuyeron al adelanto de la Medicina Veterinaria Mundial.

En 1913 se incorporó al personal Técnico de la Policía Sanitaria Animal en la Dirección de Ganadería del Ministerio de Agricultura y Ganadería de la Nación, como Veterinario Subinspector Zona para estudiar una enfermedad del ganado en el sur. Investigando descubrió que se trataba de una intoxicación de origen alimentario. Este trabajo original fue publicado con el título "El Huecú o Hualcú, enfermedad de tipo nervioso, propia de los herbívoros de la Patagonia" y le sirvió como Tesis para optar el doctorado.

En 1916 renunció a los cargos oficiales. La Compañía de Tierras, Maderas y Ferrocarriles "La Forestal Ltda." le encomendó la Organización y Dirección de los Servicios Veterinarios en sus numerosos establecimientos del norte. Se dedicó al estudio de la "Tristeza" (Piroplasmosis y Anaplasmosis Bovina) y al "Mal de Caderas de los Caballos" (Tripanosmosis Equina). Sobre esta enfermedad, publicó "Ensayos curativos en el Mal de Caderas espontáneo". 

En 1925, a la vez, fue nombrado Profesor Titular de Enfermedades Parasitarias y policía sanitaria en la Facultad de Agricultura, Ganadería e Industria Afines, de la Universidad Nacional de Litoral. Este cargo lo desempeñó hasta que fue clausurada dicha Facultad. Al crearse el Laboratorio Regional del Norte, con asiento en Colonia Benítez (Chaco), el 7 de diciembre de 1927, fue nombrado Director del mismo. Se consagró exclusivamente al estudio e investigación de las enfermedades infecciosas y a dilucidar los problemas más importantes de su especialidad. Allí descubrió la etiología de la enfermedad llamada "Mal de Caderas de los Vacunos" (Rabia Paresiante de los Bovinos), en 1929. En este laboratorio logró preparar la Vacuna Antirrábica que después fue aplicada a centenares de miles de cabezas de ganado mayor, con resultado ampliamente satisfactorio. Detuvo el avance de este flagelo en el norte del país.

Trabajó con esmero a favor de varias instituciones de Resistencia, entre otras: La Sociedad Rural y el Ateneo del Chaco. Falleció el 7 de julio de 1941, a los 56 años. Llevan su nombre: La Escuela Primaria Nº 8 de Puerto Bastiani y la ex calle 20 que nace en la avenida 9 de Julio, de Resistencia.


Hace 82 años llegaba al Chaco la Orden Salesiana para fundar el Colegio Don Bosco

En el año 1940 monseñor Nicolás Di Carlo, obispo de Resistencia, comienza la tramitación para que pueda instalarse la congregación salesiana en la ciudad. Di Carlo les exige a los salesianos la fundación de un colegio nacional secundario. Sin embargo, desde la congregación, se rechaza ese pedido, debido a que no contaban con suficiente personal y muchos de ellos estaban mal de salud. Es por eso que, en principio, se comenzó con un “Oratorio Festivo”, en manos de los sacerdotes Horacio Ióvine y Juan Rolando. A los dos meses, se suma el hermano coadjutor Francisco Marozzi y, finalmente, en 1943, el padre Juan Vizcarra para dirigir el Colegio Don Bosco.

El 6 de diciembre de 1941 arribaron a Resistencia el padre Horacio Ióvine, el padre Juan Rolando y el hermano Francisco Marozzi, con el propósito de fundar primero un oratorio festivo, los Exploradores de Don Bosco y luego un colegio, ante la inclaudicable insistencia del obispo monseñor Nicolás De Carlo, quien tras muchas negativas, se salió con la suya.

Fue al caer la tarde del 8 de diciembre de 1941. En el baldío de avenida Italia y Pirovano (hoy Don Bosco), que estaba destinado para instalar la usina de la ciudad, unos chicos terminan de jugar al fútbol y se arremolinan junto a un sacerdote, al que habían conocido un par de dias antes. Esto, que sucedió hace hoy 78 años, marcó la llegada de la Obra de Don Bosco al Chaco. El hecho cobra una doble trascendencia porque justo cien años antes, el 8 de diciembre de 1841, Juan Bosco, el creador de la Obra Salesiana, iniciaba su obra en beneficio de los niños y jóvenes pobres y abandonados en la ciudad de Turín, con un aprendiz de albañil de 16 años, Bartolomé Garelli. Cien años después, la obra consolidada ya en todo el mundo se iniciaba en el Chaco.

Ya el 21 de junio de 1942, seis meses después del inicio del Oratorio, se inauguró el tinglado de la esquina de Avenida Italia y Pirovano (hoy Don Bosco) donde se incluía la primera capilla con la bendición de monseñor De Carlo. El primer curso escolar del colegio fue el de 1943, con un total de 150 alumnos, 45 de ellos internos llegados del interior del Chaco y del norte de Santa Fe.

La inauguración oficial del Colegio fue el 11 de julio de 1943 con la presencia de monseñor De Carlo y del gobernador del territorio, coronel Lugones.
El Colegio fue creciendo a medida que pasaron los años y se fue aumentando el número de alumnos, tanto externos como internos, superando entre los primarios y secundarios los mil alumnos en muchos años.

El 23 de diciembre de 1956 se coloca y bendice la piedra fundamental de la iglesia actual con la presencia del entonces obispo monseñor Enrique Rauch, de superiores salesianos, representantes del gobierno y de diversas instituciones de la ciudad. El templo se inauguró el 24 de mayo de 1969, con la presencia de monseñor José Agustín Marozzi.

Inicialmente de varones, son muchas las generaciones de chaqueños las que han concurrido al “Don Bosco”. Hoy, el colegio cuenta con la incorporación de mujeres desde el 2000. Ya han pasado siete décadas y el espíritu de aquellos fundadores sigue presente, en cada acto o gesto, bajo el legado de Don Bosco de “educar buenos cristianos y honrados ciudadanos”.

En los años 70, al conjuro de los tiempos, se cerró el internado, pero se dio mayor impulso a la enseñanza secundaria, incorporándose en forma paulatina personal laico, tanto en el aspecto de la enseñanza como de la administración y conducción. Un mojón inolvidable de esta historia fue la llegada en 2009 de los restos de Don Bosco a principios de octubre, que recorrían el mundo durante cinco años para conmemorar el bicentenario del nacimiento de Juan Bosco en 2016.


Los 102 años de la Cooperativa “Ministro Le Breton”

Cuando el río Negro era la única vía de comunicación existente en el Chaco, a lo largo de su trayecto se fueron ubicando varios puertos o embarcaderos. Uno de ellos fue Puerto Bastiani, uno de los primeros centros poblados de la Provincia, formado a la costa del Rio Negro que permitía la comunicación de la incipiente colonia agrícola a fines del siglo XIX. Otro rio de menor valía pero importante para el desarrollo de este emprendimiento industrial fue el río Arazá. Seguramente atraído por dicho embarcadero en 1901 se instaló un ingenio azucarero, una desmotadora y poco tiempo después también surgiría en el lugar una fábrica de tanino.

En 1907 llegaron las vías del Ferrocarril Santa Fe y se construyó en el paraje la estación Río Arazá, otorgando a la localidad un nuevo medio de comunicación confiable. El día 3 de agosto de 1920, por decisión de Enrique Lynch Arribalzaga, presidente de la Federación de Sociedades Agrícolas del Chaco y Duarte Díaz, Gerente del Banco de la Nación Argentina, invitan a una reunión a los colonos e industriales más destacados, para cambiar ideas sobre las ventajas de la organización del Territorio en Cooperativas agrícolas e industriales. Como derivación de dicha reunión se produjo la unión de las Cooperativas, establecidas por ese entonces. 

El 5 de diciembre de 1920 se inaugura oficialmente la Cooperativa Agrícola que posteriormente adoptaría el Nombre de Ministro Le Breton que desarrollaría un polo industrial muy importante, que montó una desmotadora y una fábrica de aceite.

El primer Consejo Directivo estuvo integrado de la siguiente manera: Presidente Don Antonio Cimbaro Canella. Vice Presidente Juan B. Simoni. Secretario Don Eufronio Sotelo, Tesorero Enrique Motter. Vocales Titulares Andrés Bulfón, Emilio Liva, Alfonzo Pérez, Juan Plozzer, José Venturini. Vocales Suplentes Humberto Marpegan, Pedro Castelan, Ernesto Goujon. Síndico Titular Tristán lglesias y suplente Pedro Barbetti.

El Ministro de Agricultura de Hipólito Irigoyen en ese entonces, el Dr. Tomas Le Breton, inicio un movimiento en favor del cultivo del oro blanco, provocando una revolución entre los colonos. Las aéreas de cultivo aumentaron notablemente, haciendo del Chaco el territorio algodonero por excelencia, y creando un verdadero éxito agrícola. En los años cuarenta de aquel puñado de colonos iniciadores de la Cooperativa se agrandaba a casi mil socios. En los años cincuenta llegaron a ser 1600 socios, en su mayor esplendor. Aunque años más tarde colapsaba por muchos motivos cerrando sus puertas definitivamente. No obstante con el correr del tiempo el núcleo sería absorbido por la localidad de Fontana, desarrollada a partir de una fábrica de tanino situada a 2 km de Vicentini.


Juan Carlos Vidarte, fotógrafo y cineasta

Nació correntino por esas casualidades del destino: su padre andaba de gira por el Chaco cuando su madre comenzó a sentir los dolores de parto. Como a su criterio no era bueno el sistema de salud chaqueño y había pocas parteras en Resistencia, cruzó inmediatamente a la otra orilla, dando a luz a Juan Carlos el 1 de marzo de 1929. Pocos días después ya estaba en Santa Fe, donde vivió hasta los 7 años. Por ello se reconocía santafesino de alma, aunque sea correntino de nacimiento, cosa que llevaría como un estigma cuando en la escuela lo llamaran “el correntino”, tal como figurara en su libreta. Conocería la vecina provincia recién a los 20 años.

Juan Carlos comenzó sus estudios primarios en la Escuela Nº 3 de la ciudad de Resistencia, y los continuó en la Escuela Nº 1 ‘Benjamín Zorrilla’. Inició la secundaria en el Colegio Nacional, continuó en Sáenz Peña el segundo año y terminó el bachillerato en la ciudad de Buenos Aires. Siendo estudiante de la escuela secundaria fue llamado por Yolanda Pereno de Elizondo para formar parte del Coro Polifónico de Resistencia y participó de la actividad coral local por muchos años; allí conocería a su esposa, con la que tendría dos hijos. Terminada la escuela secundaria, Vidarte ingresó en la Escuela Nacional de Aeronáutica, para egresar como piloto y dedicarse a volar. En esta actividad se ganó la vida entre 1951 y 1954, haciendo vuelos en la Escuadrilla de Servicios de Correo y Carga de la aeronáutica, tanto en Argentina como países limítrofes. Se le presentó una interesante posibilidad de trabajo en Colombia y Ecuador, pero las ganas de quedarse en el Chaco —donde ya se había casado— lo hicieron desistir de continuar la carrera de aviación. Trabajó un tiempo en la empresa CHACOFI y luego en la compañía de seguros Chaco Argentina, haciendo tareas administrativas.

En Resistencia se hizo de grandes amigos que transitaban el camino del arte y la cultura, con quien compatibilizó enseguida: José Luis Meana, Aldo y Efraín Boglietti, Raúl Berneri y otros. Participó de la organización de ciclos de cine formando parte del grupo de Cine Arte Resistencia, que proyectaban films de grandes directores en la plaza principal de la ciudad.

Se había acercado a la fotografía mientras estudiaba en Buenos Aires, y aquí encontró un campo fértil para desarrollarse en esta afición, que luego sería su trabajo. Tuvo de consejero al conocido fotógrafo local Boschetti, que lo atendía para solucionarle los problemas que se le iban presentando.

De ahí al cine fue solo un paso. Vidarte recuerda: “Pepe Bentolilla, hijo del dueño del bazar Ciudad de Roma y con quien formábamos parte del grupo del Sorocabana, trajo una cámara de 16 mm de Buenos Aires que era una maravilla para la época. Con él hacíamos películas con treinta metros de cinta, con tomas de dos o tres segundos. Ésa fue mi base y mi primera experiencia en realización”…

Su trabajo administrativo no cubría sus necesidades espirituales, por lo que se presentó a un concurso para trabajar en la naciente Universidad Nacional del Nordeste en el cargo de jefe de Fotografía y Cinematografía de Extensión Universitaria. Ingresó entonces con el primer contingente, ad honorem, y con la Resolución Nº 6 firmada por las autoridades.

El Diario El Territorio lo tuvo de colaborador haciendo crónicas de pueblos del Chaco con la imagen en fotograbado que preparaba él mismo, y en Diario Norte fue fotógrafo deportivo por algunos años y escribía crítica de cine y artículos sobre filmación en Súper 8. Realizó colaboraciones en Canal 9 de Resistencia con filmaciones de sucesos.


La leyenda de la campana

Nos decía Don Roberto Varela: “Cuántas cosas aún nos falta conocer de la verdadera historia de la fundación de Resistencia desde antes de la llegada de los primeros colonizadores de nuestra provincia, bautizada en principio con al nombre de San Fernando del Río Negro por los padres jesuitas que vinieron a evangelizar y fundar una reducción que pacificara las fronteras firmando las paces con los aborígenes radicados en la zona de El Triángulo (avenida 25 de Mayo al 2000), con montes espesos y menos de un kilómetro del serpenteante Rio Negro, el lugar más alto de nuestra ciudad, allí mismo los misioneros jesuitas levantaron una capilla e instalaron un aserradero y por las cercanías del río y la salida por éste al Paraná”.

Esto ocurría en 1750, recordemos que los indios abipones dominaban ese sector, bajo el mando del cacique Ñaré Alaikin. Los padres jesuitas, con abnegación y sacrificio, organizaron a los aborígenes para que labraran la tierra. Después de 17 años cuando los jesuitas se ven obligados abandonar todas las tierras de América y regresar a España, también debieron abandonar la Reducción de San Fernando del Rio Negro. Los aborígenes destruyeron todo lo plantado.

La leyenda de la campana tiene como fecha de origen 1767, cuando fue destruida la reducción. Cuenta la Historia que los aborígenes sacaron la campana de la Capilla y la arrojaron a una gran laguna cercana, conocida hoy por Laguna Seitor y que en ocasiones suena desde el lugar. Existe otra versión muy distinta y es la que en ese tiempo se desato una gran tormenta huracanada y desprendió del campanario, que rodó hasta la laguna. Siguiendo con la leyenda, cuentan los habitantes del lugar en su mayoría de los pueblos originarios, que cuando se producía una tormenta entre rayos y truenos sonaba el tañir de la campana.

Según relataba Don Roberto Varela: “El secreto no develado tiene su origen, el cual personalmente pude comprobar en mi adolescencia, así que para mí el misterio está resuelto. Esta gran laguna ha sido mensurada y alambrada con alambre de púas de tres hilos con sus respectivos postes de quebracho a modo de límites de terreno, al bajar las aguas los alambres con el viento vibran y al contacto con el bronce de la campana, ésta sonaba”. Varios investigadores, escritores e historiadores aseguran la primen versión otros la de Don Varela. Hasta el día de hoy no se ha podido ubicar la campana porque el barro y raíces de las plantas acuáticas formaron una maraña ocultando para siempre La leyenda de la Campana.