¡Lo que comenzó como reuniones a escondidas terminó cambiando la historia! Antes de que las Madres y las Abuelas ocuparan la Plaza de Mayo con sus pañuelos blancos, un pequeño grupo de familiares empezó a juntarse en departamentos y sedes de organizaciones para reclamar por los desaparecidos y buscar respuestas que la dictadura ocultaba.
Esta crónica reconstruye cómo se formó el primer organismo de derechos humanos durante la última dictadura, quiénes fueron sus protagonistas y qué acciones marcaron sus primeros años de lucha.
Los orígenes: encuentros en tiempos de miedo
Varios meses antes de que las rondas en la Plaza de Mayo se volvieran visibles, familiares de víctimas de secuestros y desapariciones comenzaron a reunirse de manera clandestina. En una Argentina donde la desaparición forzada era una realidad nueva y difícil de nombrar, esas reuniones fueron el primer paso para organizar la protesta pública.
Las primeras convocatorias tuvieron lugar en abril de 1976 en Corrientes 1785, en un espacio cedido por la Liga Argentina por los Derechos del Hombre (LADH). Aquella institución, fundada en 1937 para defender garantías de presos políticos, ofreció un punto de encuentro cuando el accionar de fuerzas parapoliciales y bandas mafiosas anticipaba la represión estatal masiva.

Los protagonistas que dieron la cara
Muchas familias y personas participaron desde el arranque. Entre quienes asistían a esos encuentros y conformaron el núcleo fundacional se cuentan:
– Mauricio y Rosita Eisenchlas
– Lucas y Lilia Orfanó
– Hilda y Rodolfo Velazco
– Silvia Gurrea
– Teobaldo y Clelia Altamiranda
– Cata Guagnini
– Emma Pecach
– Mabel Gutiérrez
– Tilsa Albani
– Angelita y Remy Vensentini
– Carmen Gómez
– Jaime y Sara Steimberg
– Julio y Jorge Morresi
– Juan y Polda Segalli
– Susana Miguez
– Zulema Ricciardi
– Jorge y Emma Bidón Chanal
A esos nombres se sumaron otras víctimas y allegados que, con distinto grado de visibilidad, contribuyeron a la génesis de lo que sería la organización.
De cómo se organizaron y cómo se llamaron
En los primeros meses la agrupación no tenía un acta fundacional ni un documento formal. Inicialmente se los conoció como Familiares de Secuestrados; luego adoptaron la denominación Familiares de Desaparecidos y finalmente integraron ambos conceptos en Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas.
Miembros fundadores recuerdan que el vínculo con organizaciones internacionales y regionales fue clave para entender y definir la nueva figura del “detenido desaparecido”. En particular, el intercambio con la Vicaría de Solidaridad de Chile —entidad vinculada a la Iglesia Católica que había denunciado los crímenes de la dictadura de Pinochet— aportó saberes y estrategias de denuncia.
Con el tiempo incorporaron a referentes reconocibles como Lita Boitano, que sería una de las figuras visibles y ejercerá la presidencia de la entidad.
Primeras estrategias públicas y presión a la dictadura
Solicitadas y pedidos de información
En marzo de 1977 la organización consiguió publicar una solicitada en diarios de circulación nacional —La Nación y La Opinión— en la que se exigía al régimen de Jorge Rafael Videla que informara sobre el paradero de las personas desaparecidas. Fue una forma de visibilizar la demanda ante la opinión pública y de confrontar el silencio estatal.
La movilización del 14 de octubre de 1977
El 14 de octubre de 1977 Familiares organizó una manifestación en Plaza Congreso para acompañar la entrega de un petitorio a la Comisión de Asesoramiento Legislativo (CAL), un órgano con apariencia de institucionalidad durante la dictadura. El documento llevaba casi 24.000 firmas solicitando información sobre los desaparecidos.
Esa marcha fue reprimida con violencia: más de 200 personas fueron detenidas. Entre las mujeres que terminaron en comisarías se encontraban figuras que ya participaban de movimientos como las Madres de Plaza de Mayo, como Azucena Villaflor, Hebe de Bonafini, Nora Cortiñas y Beba Galeano.

Recolección y sistematización de información
Una tarea central de Familiares fue recopilar datos sobre víctimas y casos de detención y desaparición. Catalina Guagnini, madre de desaparecidos y militante trotskista, desempeñó un papel organizador: dividió el trabajo en comisiones y propuso la sistematización de la información que los distintos organismos tenían.
En 1982 esa documentación fue reunida y, con la llegada de la democracia, entregada al Congreso. Posteriormente muchos de esos registros se incorporaron a la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) para la elaboración del informe conocido como Nunca Más.
Apoyo a presos políticos y sostenimiento económico
Además de la búsqueda de desaparecidos, Familiares dedicó recursos y esfuerzos al apoyo a presos políticos. Todos los fondos que la organización conseguía se destinaron a:
– pagar viajes de familiares para visitar detenidos,
– sostener necesidades básicas de los prisioneros y sus allegados,
– financiar trámites y gestiones legales cuando era posible.
Ese trabajo de asistencia continuó hasta mediados de la década de 1980: en 1986 salieron los últimos detenidos políticos que permanecían en cárceles producto de la represión.
Relatos personales que marcaron el camino
Voces que integraron la agrupación recuerdan episodios y motivos íntimos que impulsaron su compromiso. Graciela Palacio de Lois, hoy presidenta de Familiares, narró que se acercó al grupo en diciembre de 1976, un mes después del secuestro de su marido, Ricardo Lois, militante de la JUP. La información sobre los encuentros circulaba en papelitos repartidos en iglesias y en lugares de consulta, y allí estrecharon lazos entre familiares que buscaban respuestas.
El legado y las dificultades actuales
Cincuenta años después de aquellas primeras reuniones, Familiares continúa con su labor en un contexto marcado por el negacionismo oficial y la escasez de recursos. La organización reivindica la memoria y la búsqueda de verdad, al tiempo que sostiene las iniciativas y documentos producto de medio siglo de lucha.
Quienes dieron sus primeros pasos en Corrientes 1785 y en aquel departamento de Corrientes y Callao transformaron la búsqueda íntima de cada familia en un movimiento colectivo que dejó huellas fundamentales para la investigación y la denuncia de los crímenes de la última dictadura.
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Esteban Navarro es un corresponsal internacional apasionado por la geopolítica y las relaciones globales. Ofrece reportajes de campo y análisis sintéticos de crisis y alianzas mundiales. Su enfoque claro ilumina cómo los temas internacionales impactan tu vida cotidiana.